sábado, 16 de abril de 2016

¡Hicimos click!

Conocerte ha sido un completo privilegio, jamás pensé que alguien desde el primer segundo podría hacerme sentir tan feliz... Siempre pensé que el sentimiento se genera poquito a poquito, a través del tiempo, es imposible sentir al instante, pero tú... Tú rompiste todos los parámetros.

Todo parece de telenovela, lo pienso, me acuerdo, lo comparto contigo y sigue siendo irreal.. Pensaría que fuese un invento sino es porque lo viví.. 

Un viernes cualquiera, corriendo entre todas las cosas que debía (debo) hacer, pensando en mi lista infinita de temas por estudiar, llamadas que hacer, los miles de exámenes médicos, mis uñas terribles, la investigación con el profesor, el curso que intento programar, lo cansada que estoy porque despertarme para una clase a las 7am y luego ir al gimnasio, agota... además, era viernes y fue una semana agitada. 

Tras mi cabeza dividida en mil y la poca atención que le tenía al mundo exterior, tropecé de la manera más grotesca contigo, prometo que el nivel de pena que tenía no es cuantificable, estaba en mis peores fachas, después de casi 3 horas en el gimnasio es imposible que esté decente; sin embargo, para ti no importó... tu respuesta a mi disculpa fue un cálido y sereno -Tranquila, no pasa nada, a cualquiera le puede ocurrir- con una hermosa sonrisa, mientras mi corazón quería salir del pecho; terminamos de recoger tus papeles que había tirado, recalqué mi disculpa, lo apenada que estaba y te comenté que debía irme volando, tu simplemente fijaste una mirada tan profunda e intimidante que no pude resistir ni 2 segundos, reíste y dijiste -Está bien- con una pausa larga y desconcertante seguiste diciendo -Lo lamento, pero no sé tu nombre-, admito que se me olvidó por un segundo hasta que pude articularlo, lo escuchaste y esbozaste una sonrisa de esas que se graban en la memoria, expresaste lo hermoso que es y que ojalá no me tuviese que ir volando, terminando la frase con un -Nos vemos pronto-, lo único que pude hacer es sonreír e irme.

Bajaba las escaleras, dejando atrás el contacto más irreal y hermoso que alguna vez había tenido, mi mente solo pensaba en esos efímeros 5 minutos que no son descriptibles, tu mirada profunda, el dulce sonido de tu voz, la sonrisa simpática y el pragmático -nos vemos pronto-; tan ilógico volverse a encontrar a una persona de esa manera, pero al parecer tu tenías una visión del futuro que nunca hubiese imaginado.

Llegué a mi casa y entre todas las cosas que hacía, venías a mi mente como una fresca brisa, un recuerdo bien guardado, de esos amores de paso que se tienen, al final seguí mi día sin algún traspié... Después de realizar lo que me propuse y una merecida siesta, estaba lista para disfrutar del cumpleaños de una amiga de años, de esas amistades que son para toda la vida... 

Entré a su casa y ya estaban todas mis amigas, terminamos de arreglar todo y empezaron a llegar los invitados, nos turnábamos para abrir la puerta, contestar el teléfono y eso, somos un grupo fenomenal, los años conociéndonos generan eso... Como a media noche llegaron las últimas personas y para mi sorpresa venía un desconocido con mirada profunda, sonrisa perfecta y dulce voz, ¿en qué universo eso era posible? pues en este...

Estar sirviéndome un poco de vino blanco y escuchar un hombre a mi lado diciendo -Definitivamente tienes buen gusto-, reconocer esa voz, voltear la cara y verte, ¡casi botaba mi copa!, volví a tener taquicardia, mis piernas temblaban... mi cara tuvo que ser un poema, no emití ningún sonido y seguiste hablando -Buenas noches señorita que bota mis papeles- lo único que pude hacer fue reír, era imposible no hacerlo... no sé si era a consecuencia de los nervios, pero lo hice...

La noche fue increíble, nuestra conversación se daba por arte de magia, no hubo ningún momento incómodo ni de silencio, me hiciste reír tanto, sonrojarme... fuiste lo mejor de mi noche querido joven, te ganaste loca y rápidamente un espacio en mi corazón.

¡Hicimos click! ... hacemos click. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario