Siempre me han emocionado los cumpleaños y aún me emocionan, en especial el mío. No tengo razón aparente para explicar porqué me encantan, pero es así... no ha cambiado con el tiempo; lo único que ha cambiado son las expectativas que me hago ante tal celebración, antes eran descomunales, ahora simplemente no existen, prefiero sorprenderme a cada segundo.
Ayer cumplí 21 años y fue indescriptible.
Hace meses pensaba en cómo sería este cumpleaños contigo, qué tan feliz lo pasaría, qué haríamos, qué comeríamos y muchas más preguntas que mi mente se hacía en cada momento; sin embargo, mientras se acercaba la fecha más intentaba frenar esos pensamientos e imaginaciones, no quería ilusionarme... quería vivir mi cumpleaños y que cada segundo fuera una sorpresa... así lo fue.
Te contaré todos los momentos desde mi perspectiva, capaz así entiendas un poco el título que conmemora este escrito...
La noche del 14 llegaste a mi casa después de un día largo y ajetreado, con tu mayor sonrisa y emoción bajaste del auto a saludarme, llenarme de abrazos y besos; Amor, me haces tan feliz. Bajaste una cava de 'sorpresas' y te inmutaste cuando pregunté ¿por qué trajiste una camisa? Cielo, adoro infinitamente tu cara de -me descubrieron- pareces un pequeño niño que quiero comer a besos y mimos. La cava de sorpresas traía todos los ingredientes necesarios para hacer la torta especial y riquísima de su abuela, aún no me creo lo detallista que una persona puede ser.
Luchaste contra el sueño para llegar a media noche y poder ser la primera persona que me felicitara... Lo lograste, eres mi primer beso y abrazo de 21.
Te despertaste súper temprano para cumplir mi pequeño capricho, me hiciste una torta riquísima y tu solo; no tienes idea de lo especial que es eso, lo mucho que vale para mi que te hayas tomado todo ese trabajo para hacerme feliz... jamás existirán palabras para explicar como me sentí al verla encima de la mesa que decoraste con globos y regalos.
Los globos de 21 que quería tanto, pero solo había comentado una vez porque lo vi en una foto, el perfume exquisito que escogiste (atinaste de una manera excepcional y mira que es difícil que me guste uno), la nutella para engordarme con felicidad, los deliciosos waffles para acompañar, las galletas que me encantan y mi mamá no me compra porque engordo jajaja... Todo lo que había en esa mesa era sinónimo de que me escuchas con atención, que te importo, valoras cada una de mis palabras y sencillamente que me amas con cada detalle.
Cuando pensaba que era todo y que el resto del día iba a ser compartir en la casa, le diste 180° a lo que creía, pues no era todo... Tu laptop estaba allí, sospechosamente lista para mostrarme algo, enseñarme el mejor vídeo, sigo llorando al recordarlo, GRACIAS infinitas por tomarte la molestia de contactar a mis seres queridos que ya no están en el país, por hacerme un vídeo con todos sus buenos deseos, por ser valiente y hablarles a cada uno, aunque a la gran mayoría no conozcas... Gracias por ser alguien increíble que me hizo llorar de felicidad.
Después fuimos a comer en mi sitio favorito, con la diferencia de que no éramos solamente tu y yo, sino que invitaste a mi mamá... Parecerá tonto, pero no todo el mundo tiene ese sentimiento de familia o de querer integrar a los padres en planes de novios; sin embargo, a ti te nace hacerlo, sabes lo importante que es mi mamá para mi, lo familiar que soy y que tu seas igual es fenomenal, tienes esos valores que son casi utópicos en esta generación, sencillamente tú eres distinto.
Me consentiste todo el día, cumpliste mis caprichos, me sacaste sonrisas, hiciste todo lo posible e imposible para hacerme feliz a cada segundo y eso, eso fue indescriptible. Te paraste velozmente en un mirador para tomarnos fotos porque yo quería jajaja, me peinaste el cabello porque estaba vuelta un caos y no podía verme así en mi cumpleaños, te encargaste de que todos en el lugar se enteraran que cumplía años y terminaste cantándome ¡feliz cumpleaños! ¿Tienes idea de lo importante qué son los pequeños detalles y las locuras?
El día estaba por acabar, pero las sorpresas jamás... Hubo una torta más, esas de cumpleaños para soplar las velas y pedir un deseo, no te diré cuál es, pero estás en él... siempre estarás en él.
Recibí mi último regalo al final del día y no tengo palabras, solo puedo decir que es lo más valioso que me has podido dar... Me diste algo que usaré para crecer como médico, de un color muy yo y lo escogiste solo al escucharme una vez cuchichear 'deseo uno'. Eres único.
Sabes, me diste muchas cosas materiales que me encantaron y usaré/comeré con alegría; no obstante, la esencia de que mi cumpleaños sea inolvidable no es por eso sino porque estuve contigo, mi persona favorita. Te dedicaste cada milisegundo a hacerme feliz y amor, lo cumpliste.
No tengo palabras para demostrar realmente lo que significó el día de ayer para mí, este escrito es solo un 2%... Te amo, infinitamente gracias por ser tu, jamás olvidaré cada detalle de aquellas 21 velitas.
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